lunes, 18 de julio de 2011

El viaje del Caracol, capítulo V: Carnac y Quiberon

El siguiente destino iba a ser la costa salvaje, pero antes había que hacer una parada obligatoria en Carnac, solo para contemplar sus famosos alineamientos de menhires, nada menos que 2.934.





Resulta impresionante ver tal cantidad de alineaciones megalíticas que alcanzan varios kilómetros, la precisión en su colocación es un misterio sin duda.


Ya sentía en mi interior un cosquilleo, la llamada del mar supongo, esa noche por fin dormiríamos a pie de costa.

La península de Quiberon es como una lágrima, no en vano significa "Tierra Cortada", en su istmo solo lenguas de arena a ambos lados, pero al llegar al final donde se ensancha de nuevo hay unos preciosos acantilados, rodeados de vegetación baja y castigados por el viento.


Nada mas estacionar la AC en un área pegada a la costa, fuimos a recorrer los acantilados por pequeños senderos de tierra que van casi paralelos al mar, por fin de nuevo la visión del mar, su fuerza y su olor intenso, esa sensación...

El día estaba nublado, los cielos presentaban cambios constantes de luces y tonos, por momentos se cerraban del todo bajo nubes negras y en poco tiempo abrían a lo lejos junto al horizonte para dejar salir algunos rayos de sol que tocaban la superficie del mar, como cuando juegas con espejos.


Mientras esperaba a ver como serían los momentos propios del atardecer, fui tomando alguna imagen desde mas alejado de la orilla, me recordaban los campos de cereales, cuando la luz es muy rasante e ilumina el trigo o la cebada.


Así durante un buen rato, completamente con los pensamientos en blanco, hasta que el último suspiro de luz fue a caer a los pies de mi encuadre dorando mas si cabe el suelo.


La luz se iba poco a poco, hacia rato que sol dejó claro que no iba a asomar entre las nubes durante el ocaso, pero para hacer la última toma bajé por unos de los acantilados hasta llegar a la orilla en un entrante, es delicado moverse por estas zonas, sopla fuerte y las rocas están mojadas además las mareas son demasiado rápidas, pero a veces de la emoción me creo que me deslizo como si fuera de viento, no puedo evitarlo.


Una vez oscureció del todo regreso a la AC, pero el sonido del mar acompañará durante toda la noche.

continuará ...

Besos.

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