Las sesiones con los mas pequeños son siempre un reto, no hay dos iguales, y en esta ocasión además eran trillizos. El resultado fue muy bueno y resultó una tarde entrañable.
Así es, Canencia tiene oro, pero un oro muy especial. El que reflejan sus arroyos en otoños cuando las primeras luces se cuelan entre el bosque y llegan al agua.
No creo que haya otoño en el que por lo menos una vez acuda a este lugar, sus colores en esa época del año son preciosos y está lleno de pequeños rincones entre salto y salto.
A mi personalmente el Montón de Trigo me parece una montaña preciosa, su forma (de ahí su nombre), su cima aislada y siempre identificable desde lejos le hacen muy atractivo para subirlo en cualquier época del año, pero en invierno si cabe un poquito mas.
El año pasado no pudo ser, lo intenté en alguna ocasión pero nada, se escapó el invierno sin darme cuenta y quedó pendiente. Este invierno pintaba realmente mal, nada de nieve y el tiempo seguía pasando. Sin embargo y ya metidos en marzo cayeron buenas nevadas en las montañas de la Sierra de Madrid, tuvimos un tardío pero intenso invierno, y esta vez sí, esta vez lo aproveché al máximo.